El comentario se ha vuelto recurrente: “Esto le conviene a Parisi”. El gobierno que no se afirma, el progresismo que no se halla, el crecimiento que no despega. Todo parece favorecer el liderazgo de quien aspira a quedar en pie cuando “fachos y comunachos” terminen de perder la confianza de los chilenos. Mientras tanto, su partido ejerce de bisagra en la Cámara y pasa factura si no es escuchado. En su reciente visita al país, conversamos con Parisi acerca de las claves que explican su fenómeno y del proyecto de sociedad que hay detrás de su discurso. Entre otros temas, habla de su complicada relación con las élites, de los errores que cree haber cometido y de las piezas que está moviendo para fortalecer su base política, de cara al objetivo mayor. También explica por qué, al menos por ahora, no le conviene vivir en Chile.
7 de octubre 2026
Fue en 2011, el año cero del descontento, que Franco Parisi saltó a la esfera pública y descubrió que podía llenar un espacio vacante en la política chilena. Después de aparecer en varios programas de televisión junto a su hermano Antonino, en julio de ese año estrenaron Los Parisi: el poder de la gente, emitido por Vía X y luego por La Red. Seis meses después el economista ya anunciaba su candidatura presidencial. A los dirigentes estudiantiles que marcaban la pauta del nuevo ciclo político no se parecía casi en nada, salvo por un notorio talento para modular la voz de la impugnación. En las elecciones de 2013 llegó cuarto, con el 10% de los votos, y según los estudios electorales fue el segundo más votado por los jóvenes de regiones, apenas por detrás de Bachelet.
Menos ansioso que de costumbre, como gozando de un viento a favor que prefiere tomarse con calma, Parisi marca distancia con la generación de Boric y afirma que su liderazgo surgió de un diagnóstico distinto:
—Lo nuestro era un proyecto comunicacional, que nació porque nos considerábamos unos afortunados sociales y veíamos que la gente necesitaba más información. Pero en el camino nos dimos cuenta de que había un fenómeno de abuso persistente. Como el caso La Polar, o lo que ocurrió en Aysén, donde había un abuso innecesario. Y decíamos que esto en algún momento iba a explotar, como lamentablemente ocurrió. Además, somos parte de una generación que conoció Chile cuando era una pirámide social, pero con la promesa meritocrática: “Estudia, trabaja, vas a comprar tu casa, tu auto y vas a tener un buen futuro”. Y poco a poco esas promesas republicanas se fueron coartando. Y después también se fueron coartando las libertades hasta de poder salir a fumarse un pucho a la calle. Y cuando tú ya veías que cualquier representación social, como un partido de fútbol, terminaba en un evento de violencia, yo por lo menos tenía claro que esto iba por mal camino. Pero no veíamos la solución, ni en la izquierda ni en la derecha. Y dijimos “bueno, tirémonos a la presidencia”. Tratando, quizás inocentemente en un comienzo, de enrielar este sistema.
Lo curioso es que toda la transición, desde la campaña de Aylwin, había operado con el concepto de “la gente”. Y sin embargo usted encontró un nicho vacío alrededor de ese concepto.
Claro, porque esa gente había sido la que disfrutó del apogeo económico, de las oportunidades de progresar, de pasar de Maipú a Providencia, a Las Condes, a Vitacura. Pero esa movilidad social, ya en la primera década del dos mil, se veía más entrabada. Y un libro muy bueno, el de Patricio Bañados, muestra que todo se jodió cuando empezaron a llegar los operadores políticos. Esos operadores eran los que engañaban a la gente con sus dichos bonitos, pero la bonanza ya no existía. Y ahí es donde nosotros dijimos “no, esto va por mal camino y queremos darle más oportunidades a la gente”. En términos de que sean protagonistas de su vida y no esclavos de un destino ya fijado.
Y eso empalmó con una sensación creciente de que la promesa meritocrática venía con letra chica.
Sí, pero no con cualquier letra chica. Una letra chica que era abusiva. Una letra chica que era miradora en menos. Donde en algunos sectores pudientes, una mujer le decía a una persona de 40 o 50 años “oye, hombrecito, arréglame el auto”. Mientras otro tipo te robaba, y otro te hacía “el que no baila no pasa”. Entonces empezó a haber un aprovechamiento del poder para abusar, más que para ayudar. Y la consecuencia fue que se empezó a matar la esperanza. Eso fue lo que nosotros describimos desde la primera vez que fui candidato: el asesinato de la esperanza de los chilenos. Y cuando tú matas la esperanza en una sociedad, pasa lo que pasó. Vimos que increíblemente se quemaron estaciones de metro. Tú eres más joven, pero las primeras estaciones de metro, cuando se inauguraban, eran eventos nacionales. Podía estar todo sucio, pero el metro nunca se ensuciaba. Pero en la sociedad chilena empezó a haber esta sensación de que tú, si tenías el poder, cagabas al que no lo tenía. Y ese sentimiento de que “me están cagando” se fue acumulando en las personas.
Siempre se discute si usted y el Partido de la Gente son populistas o no, o qué tipo de votantes atraen. Pero de sus ideas casi no se habla, porque se asume que detrás de ese discurso eficaz no hay un proyecto muy coherente. ¿Cuál sería la sociedad a la que aspira el PDG? ¿Qué diferencia a esa sociedad de la que quisieran construir la centroderecha o la centroizquierda?
Nosotros aspiramos a una sociedad de libertades donde prime la meritocracia. Y eso no te lo permite ni la izquierda, ni la ultraizquierda, ni la derecha, ni la ultraderecha. Ya lo vimos con las últimas contrataciones de Kast: gente recién egresada con sueldos inimaginables para recién egresados. Y también con Boric, que contrató y hasta nombró embajadores a cabros que con suerte sabían sumar. Nosotros queremos que las instituciones funcionen, pero de verdad. Que la Academia Diplomática saque más embajadores y no haya tanto embajador político. Son cosas que la izquierda y la derecha nunca te van a dar, porque no quieren una verdadera meritocracia. Nosotros sí, porque creemos en el esfuerzo. A nosotros nos dan lo mismo tus decisiones personales en términos de religión, de tu vida sexual o tu concepto de familia. Nos interesa el individuo y que se busque su felicidad. No imponérsela, pero sí darle las oportunidades. Oportunidades que tanto la izquierda como la derecha le quitan.
¿Cómo se las quitan, más allá de la repartija de cargos públicos?
Te pongo un ejemplo: vivienda. Boric quería comprar departamentos para arrendarlos. Nosotros decimos que hay que ser tonto para hacer eso. ¿Qué está diciendo? “El Estado lo compra y yo majestuosamente te lo arriendo, para que tú me tengas que besar los pies cada mes que pagas menos arriendo”. Nosotros queremos que tú seas el propietario. ¿Y qué busca el gobierno actual? Cuando tuvo la oportunidad de devolverte el 14% de IVA para disminuir el pie, dijo “no, mejor eliminemos el IVA”. Pero ese IVA que Quiroz elimina se lo va a quedar la inmobiliaria. Entonces, ¿a quién están beneficiando? Los dos mecanismos tienen el mismo costo para el Estado, pero el nuestro piensa en la persona, no en la inmobiliaria. Esa es la diferencia. Boric también aumentó el terreno mínimo para hacer loteo, de 5.000 a 10.000 metros cuadrados. Nosotros lo vamos bajar a 2.500. Porque si tú quieres vivir en un campo de rulo, tienes que poder vivir ahí, y no cualquiera puede comprar una hectárea. Ese estilo de cosas son las que promovemos.
Y cuando usted dice que la gente no puede progresar porque hay mucho apitutado, ¿está apelando a un sentimiento o cree que hay una relación real entre las dos cosas?
No, es real, este apitutamiento coarta el progreso. Primero, por el gasto fiscal, con los sueldazos que se pagan en el gobierno. Yo no sé cuánto ganas tú, pero dudo que estés ganando ocho millones de pesos. Eso ganan algunos periodistas apitutados en el gobierno. Nosotros creemos que eso es un aprovechamiento. Y segundo, porque mejor estar calladito en la pega, no hacer ruido, para que no te echen. Porque va a llegar el hijito de, la mamita de, la nueva polola de y se va a quedar con el puesto. Eso es lo que está matando la diversidad. Un solo dato: un tipo millonarísimo, después de ir a la inauguración del segundo gobierno de Piñera, me dijo que les iba a ir mal, porque él conocía al 95% de la gente que estaba ahí. Es decir, puros apitutados. Dijo “no, estos están perdidos”. El Chile verdadero, el que progresó, era por definición una diversidad, representada por el Instituto Nacional, la Universidad de Chile, la Universidad de Concepción, la Universidad de Santiago. Pero la derechita viajera, como la llamo ahora, ¿qué dijo? “No, mejor hagamos universidades y colegios privados lo más arriba de la cordillera posible, que el resto se joda.” Eso mató la diversidad en todos los espacios que ellos dirigen. Y la diversidad para nosotros es conocimiento.
En una sociedad perfectamente meritocrática, en todo caso, no todos van a llegar, muchos se van a quedar…
Ah, pero eso es normal.
Por lo mismo, ¿hasta qué punto es incompleta esa visión de sociedad donde cada individuo tiene su oportunidad?
Es que eso es lo importante, que tengas la oportunidad. Obviamente hay gente que se va a quedar en el camino, eso es indiscutible. Pero lo importante es tener la posibilidad, porque la posibilidad de te da la esperanza de. En cambio, si a una persona le dices “oye, tú eres tonto, eres pobre, eres tonto”, nunca va a entrar a la cancha. El problema es que en Chile le estamos mintiendo a la gente, porque le estamos entregando una mala educación pública y no le estamos entregando oportunidades. Más encima, en un ambiente de tanta incertidumbre… Cuando yo veo los niveles de problemas de salud mental que estamos teniendo, es porque no tienes esperanza y no tienes salida.
Después del estallido y todo lo que siguió, se supone que habíamos pasado a un tiempo de repliegue, pero ha vuelto la sensación de que Chile está denso. ¿Qué ánimos sociales cree que están primando?
Creo que hubo una muy buena esperanza con el gobierno de Kast, pero se consumió en las primeras semanas. Cuando el gobierno tomó la decisión de hacer el bencinazo, mató la esperanza. Porque la sensación que quedó —no en el barrio alto, ni en los economistas ortodoxos que decían “los precios se ajustan solos”, cosa que es estúpido decirla, porque por algo existe la sociedad— fue la sensación de que Kast, frente a eventos imponderables, dice “arréglatelas solo, roteque”. Y frente a eso, la gente dice: “Bueno, voy a dejar de consumir, voy a dejar de invertir, voy a postergar un posible matrimonio, un posible agrandar la familia, un posible proyecto”. Porque te diste cuenta de cómo funciona el liderazgo de Kast: o que el mercado lo arregle o que Dios lo arregle. Pero el mercado es injusto. Y Dios, según quienes somos creyentes, está un poquito ocupado. Entonces, todas las expectativas comenzaron a caer. Pero también por fenómenos económicos obvios. El bencinazo hizo que el capital de trabajo de muchas empresas desapareciera, y con eso a una pyme o minipyme la estás matando. Por eso nosotros hemos tratado de ayudar al gobierno, pero ellos no lo ven.
¿Por qué no lo ven?
Porque el ministro Quiroz está mirando el laaargo plazo. Y la gente no vive del largo plazo. Había que tomar decisiones de corto, mediano y largo plazo. Por eso decíamos: FUT para inversiones en software y en activos fijos en Chile. El año pasado, las empresas más grandes generaron 16.500 millones de dólares. Pero yo quería que esas utilidades se reinvirtieran en Chile, para que generen empleo. ¿Y qué va a pasar? El 40% de esa plata se va a ir de Chile. Yo no sé si eso es facho o comunacho, pero sí es lo que necesita el país.
Desde su primera elección presidencial le fue especialmente bien en el norte, antes de que la migración fuera un tema central. ¿Por qué pasó eso?
Porque nosotros hablamos del lenguaje del minero. El minero, hombre o mujer, es una persona extremadamente trabajadora, sacrificada, pero tiene claro que el sacrificio tiene su recompensa. Están dispuestos a estar 14 días trabajando, sin vida privada, perdiéndose matrimonios, nacimientos, cuidados, porque eso a la larga se va a redituar con un bono. Y son mirados en menos. ¿Tú sabes que el minero en Chile, por estar trabajando, no puede votar? Nosotros fuimos los primeros en decirles: “Con Parisi presidente, ustedes van a votar en la próxima elección”. ¿Qué les estás diciendo con eso? “¿Sabe qué? Usted es importante, porque es minero, porque es persona, así que va a poder ejercer su derecho.” Eso es lo que quieren. Ahora se va a entregar el bono de término de conflicto a los trabajadores de Escondida: 23,5 millones neto. Eso significa que el bruto son como 50 palos, el resto es puro impuesto. ¿Qué decimos nosotros? “Si somos presidente, pagas el 10% de impuesto, el resto llévatelo. Cómprate una casa, enchula a la vieja —a la camioneta, por si acaso— o haz lo que quieras con tu plata.” ¡Si la vida del minero es dura! Claro, se hacen los macanudos, “no, si no es tan malo”. Pero no estás en la vida cotidiana de tu gente, es como que tu vida tiene un paréntesis. Y cuando nosotros hablamos ese lenguaje, el tipo dice “me están considerando”. Cuando decimos que a los mineros les están robando las camionetas… Ahora todos hablan de los autos chutos, pero nosotros lo decíamos desde 2013.
Los autos robados que salen a Bolivia.
Exacto. Y como esto no ha parado, ahora decimos: “Hay que dar una señal fuerte: minen el norte”. Y si una camioneta vuela por los aires, vamos a rezar para que se salve la persona, pero nunca más te van a robar la camioneta. Porque nosotros sabemos que, si a un cabro que le entrega servicios a la minería le roban la camioneta, le cagaste el negocio. “No, si tiene seguro.” No es así. Le suben la prima, se demoran cuatro meses, es un tremendo problema. Por algo que el Estado de Chile se lo tendría que tener solucionado.
Y más allá de los mineros, ¿por qué a usted le va mejor con los hombres que con las mujeres?
Porque tenemos un lenguaje directo. Y claro, eso de repente… Pero está cambiando, ¿ah? Ojo, está cambiando. Porque nos dimos cuenta de que teníamos que arroparnos en más mujeres, estábamos muy solos. Ahora tenemos la figura de Pamela Jiles, que me atrae un voto de mujer muy fuerte. A mi hermana, que también me atrae un grupo muy fuerte. Así que estamos trabajando en eso. No es fácil, ¿ah? Porque antes estaba la inercia de Bachelet, que era tremenda. Pero ahora nuestra presidenta es una mujer y somos el único partido con perfecta paridad en diputados. O sea, también hay mitos en esto. Si me dices “quién es el más machista”, obviamente el Partido Republicano, o el Libertario, pero nosotros no. Por el contrario, somos los que estamos diciendo: “En Chile hay dos millones de mujeres en Dicom”. Y la mente financiera del hombre y la mujer funcionan distinto. La mente de la mujer es mucho más intensa, por lo tanto lo pasa peor con la deuda. Y nosotros les decimos: “Mire, si usted debe un millón seiscientos y tiene ahorros en la AFP, yo, presidente, negocio por usted con el banco y, sacando la plata de la AFP, le pago esa maldita deuda”. Son dos millones de mujeres que dijeron “tienes toda la razón”.
Élites y populismo
Un político puede ganar muchos votos identificando a la gente común, pero las élites existen, influyen y es difícil llegar a gobernar si no se congenia con una parte de ellas. Y a usted, pese a haber un centro vacío que necesita figuras, hasta ahora no lo miran como un líder al que puedan recurrir.
Porque la élite a nosotros no nos interesa.
Pero ahí también va a tener que arroparse…
Sí, tienes razón en eso. Pero también creo que la élite pasó mucho miedo. Se asustó mucho con el estallido y se asustó todavía más con el primer proceso constitucional. Y ahora están viendo que al parecer Kast y compañía no eran la alternativa a eso, porque no entienden el lenguaje de la gente. Por lo tanto, “parece que Parisi en realidad no es tan malo, ¿ah?”. Se están dando cuenta de que la alternativa somos nosotros.
Se dan cuenta de que usted tiene un gancho que otros no, pero otra cosa es que lo vean como la alternativa para traer de vuelta las esperanzas perdidas.
¿Las esperanzas de quién?
De la gente.
No, las esperanzas de la gente, ellos saben que somos nosotros los que las podemos salvar. Lo tienen claro. Y digamos las cosas como son: la élite es bastante cobarde. O sea, ¿qué decía de Kast, hace tres años, la élite de La Dehesa? No lo puedo repetir, porque eran palabras muy fuertes. Y con alusiones a lo que pasaba en la Segunda Guerra Mundial, para qué estamos con cosas. ¿Y dónde están ahora? Todos alineados, “mi presidente, mi presidente”. Y con Boric también. Sabemos que Boric intelectualmente es del promedio para abajo, pero una vez que salió presidente toda la élite estaba rindiéndole pleitesía. Por eso la élite no nos preocupa. Sí, tiene un voto que permea hacia abajo, pero cada vez menos. La gente ya sabe que no necesita votar como ellos.
¿Y no le parece que ellos ven a sus electores como personas que tienen legítimos malestares, pero que no entienden mucho cómo se resuelven y por eso le compran a usted?
¡No! Eso es mentira.
¿Pero es mentira que perciben así su liderazgo?
Es que no me importa. La élite siempre mira en menos. Y nosotros somos el voto del que es ninguneado, del mirado en menos. Por eso los que tienen la voz de la verdad y la voz de la gente somos nosotros. Si los que han estado acorralados son ellos. Ellos son los que se tuvieron que arrancar del Instituto Nacional para irse a la cordillera. Ellos son los que en vez de salvar Algarrobo tienen que estar ahí escondidos en Zapallar. Ellos son los que no pueden ir a La Pintana; yo pude ir sin ningún problema, como también voy a Casa Costanera sin ningún problema. Mira, a mí me invitan mucho a estas reuniones, gente de altos cargos, y al final siempre les digo: “¿Para qué quieres tener la mejor casa en un barrio que alrededor se está echando a perder? Al final del día, te van a entrar a robar. Y no sacas nada con tener alambre, cerco eléctrico, alarma: te van a entrar a robar igual”. Es mejor entender que todos nos necesitamos en la sociedad, más que aislarte de la sociedad.
De todas las críticas que le hacen, ¿cuál le parece la más injusta y cuál cree que tiene algún asidero?
No, ninguna me preocupa. En política tú no puedes andar con tanta sensibilidad. Y lo que pasa es que nosotros tenemos claro el objetivo, que es la gente, es la clase media. Es que la persona tenga de nuevo la esperanza en una buena educación, la esperanza de que tu esfuerzo va a ser retribuido, de que el futuro va a ser mejor.
¿Cree tener algo de populista?
Debo tener, como todo el mundo. Es un mote que siempre les quieren poner a todos. Lo que yo quiero es ser popular, tener ideas populares porque son buenas. Si tú me dices que populista es poner placas solares en el norte, para que en San Pedro de Atacama no paguen cuentas de energía de 300 lucas, llámame como quieras. Si es hacer que Arica tenga un desarrollo inmobiliario espectacular, tipo Miami, en la playa Las Machas, llámame como quieras. No nos quitan el sueño esos motes, son parte de la política.
Y decirle a la gente “todos estos les están mintiendo, yo soy el que les dice la verdad”, ¿es populista?
Yo creo que la verdad tiene que ser popular, sí. Creo que es bueno decirle a la gente la verdad. Decirle que es inmoral, poco ético, que te cobren 19% de IVA por comprar un medicamento. Somos los únicos que lo han dicho. Y me he agarrado con compañeros míos de la universidad que me dicen que eso es populista. Entonces les digo: “¿Dónde estudiaste tu posgrado?”. En Chicago, en Nueva York, en Madrid. Bueno, en ninguna de esas ciudades pagas 19% de IVA por medicamentos. Ah, claro, eso está bien allá. Pero acá, cuando lo tiene que pagar una señora que tiene un montepío, o una pensión mínima garantizada, eso está bien, eso es lo correcto. Cuando empecé a decir que pagar IVA por los pañales de adulto es injusto, el Checho Hirane decía que era el colmo. Claro, porque él debe ganar 10, 20 millones de pesos. Pero si tú ganas 300 lucas, hacerte pagar 20 lucas mensuales en IVA de pañales es ridículo.
Los últimos cuatro gobiernos, al menos, han tenido el mismo problema: crearon mucha expectativa y cuando llegaron al poder se les volvió en contra. Su discurso crea mucha expectativa también…
Como en toda elección. Toda elección es así. La diferencia está en que yo no tengo que pagar ningún favor político.
Ya, pero eso no le asegura poder cumplir con expectativas tan grandes. ¿No le da vértigo esa posibilidad?
No, porque estamos preparados para eso. Y hemos aprendido de los errores. Yo cometí errores, muchos, pero hemos aprendido.
¿Qué tipo de errores?
Por ejemplo, con los seis diputados que logramos en la elección anterior, yo me puse libre mercado: “No, estos cabros se van a organizar solos, lo van a entender”. Error, no funciona así. Menos con la estructura que hay en el parlamento. Ahora hemos tenido que estar arriba, hablando con ellos, discutiendo con ellos, agarrándonos de las mechas, para estar cohesionados y con una mirada de largo plazo. También aprendí que la prensa no es enemiga mía.
¿De verdad se convenció?
Sí, claro. Y por eso no tengo ningún problema y le pedí disculpas públicas a Mauricio Bustamante en su programa de radio. Lo entendí.
¿Y las encuestadoras tampoco son sus enemigos?
Son enemigos, claro que sí. ¡Sí, me jugaron chueco! Ellos dicen que no fueron capaces de ver mi fenómeno… Me parece que no querían verlo. Y creo que fueron ellos los que hicieron que ganara Kast. Pero ya, es parte del paquete, se entiende. Y como te digo, yo cometí errores. Era arrogante, era pesado, era desagradable, andaba buscando enemigos donde no los había. Ahora estamos cambiando eso.
¿Qué líderes internacionales está mirando?
No, yo estudio a todos.
¿Pero quiénes le parecen interesantes hoy, como para tomar cosas de ellos?
No, casi todos.
Pero tire alguno…
Bueno, a Macron lo veo… Es que por lo general miro a todos. Pero no compro a ninguno.
Pero alguien le dará algún tipo de inspiración…
No, porque yo veo por tema. Veo cuál es el tema y lo analizo. Pero una cosa que tengo clara es que, si fuera presidente, nunca habría ido a visitar primero al presidente húngaro, Orbán. Es un tipo al que yo no seguiría ni por si acaso. Pero todos acá aplaudieron cuando Kast lo fue a saludar. Dicho eso, en lo internacional también se han hecho cosas buenas, como el acuerdo para lograr un TLC con Marruecos. Eso estuvo muy bien. Pero en general yo reviso todos los líderes mundiales, actuales y pasados.
¿Y qué personas, del ámbito público o no, influyeron de una manera importante en su forma de pensar, de entender el mundo?
Mi papá. También mi mamá, pero mi papá fue la influencia más fuerte. Un tipo extremadamente sabio, que te ponía a prueba en todo momento. Y cuando niño, por ejemplo, camino al Instituto Nacional, nosotros nos íbamos escuchando la Cooperativa, en la dictadura, cuando era complicado. Sí, él ha sido el más importante. Pero siempre trato de sacar lo mejor de todas las personas.
¿Y economistas? ¿Hubo alguno que lo marcara?
¿Es que sabes qué pasa? Que la economía chilena es sumamente particular, en su funcionamiento y su estructura. Por lo tanto, copiar modelos no resulta. Por eso ahora Kast está teniendo problemas. No entiende que el mercado en Chile tiene muchas imperfecciones, muchas ineficiencias, y que hay que saber bien cómo las vas a baipasear. Todo el dogmatismo le ha hecho muy mal a Chile, tanto el de izquierda como el de derecha. Nosotros, si vemos una buena idea, la tomamos venga de donde venga. De hecho, estamos apoyando una idea que presentó el alcalde Luksic…
Usted les daba duro a los Luksic.
Yo les daba duro a todos los que hay que darles duro. Pero él trajo una buena propuesta, que es tramitar las patentes comerciales en un día, y se la aplaudo. Ya presentamos el proyecto de ley, hasta se lo llevamos al ministro de Economía.
Pese a que siempre tiene propuestas, no se lo ve dialogando mucho con los economistas que debaten las políticas públicas. ¿Cree que lo respetan o que lo ven como un colega que se desvirtuó?
Me da exactamente lo mismo.
¿Pero cómo es en general su relación? ¿Cuánto diálogo hay?
Hay el diálogo necesario. Cuando quiero hablar con el ministro del Trabajo o el ministro de Hacienda, hablo con ellos. Y con otros economistas también. Pero hay otros que, a mi juicio, tienen muy buenas recetas, pero no para Chile. Ese es el problema: no para Chile. Y a mí buscar esos aplausos no me mueve. Lo que me mueve es que la gente tenga mejor casa, que tenga mejores jubilaciones… ¡que en Chile se viva un poquito mejor! Si yo cuando era joven podía ir a bailar, ir a un bar, estar tranquilo, conocer gente. Ahora ya no, aquí se mató la bohemia. No sé si para ti eso es importante o no, pero para mí es importante la bohemia. Soy un tipo súper recatado, pero podía ir a bailar con mi polola de entonces sin ningún problema.
¿Cree que la situación de seguridad ya estaría mejor si usted hubiera ganado la elección?
Estaría mejor, sí.
¿Por qué?
Porque habríamos sacado a los militares a la calle. A petición de los alcaldes. No porque yo soy más choro, no: porque los alcaldes dicen “sáquenlos”. Además, ¿para qué nos engañamos? Hace dos semanas, el ministro de Seguridad estaba diciendo que habían caído los índices de homicidios. ¿Qué me dijeron mis expertos? “Van a aumentar esos índices.” Porque las bandas de narcoterrorismo se establecen en zonas, hasta que les queda chico ese mercado y empiezan a competir con la banda del frente. Y ahí se agarran a balazos, esto es tradicional en todas las guerras de narcotráfico. Y yo veía al ministro Arrau diciendo que estaba recontento. Tres doritos después, dos asesinatos. En Lo Espejo mataron a un tipo de 15 balazos a la salida de la casa de su hermana. Eso no fue espontáneo, claramente es un crimen territorial por narcoterrorismo. Y de esos hay miles que no sabemos, porque ocurren en Paso La Mula y otros barrios en el norte, información que a nosotros nos llega por la gente del PDG que vive cotidianamente lo que está pasando. Por eso le estamos exigiendo al gobierno que en esta materia haga bien las leyes, porque las vamos a necesitar en el futuro. Porque tampoco compartimos la filosofía de gobernanza de Boric, que quiere habitar el poder. Nosotros queremos ejercer el poder, que es muy distinto.
Que nadie lo sepa
Si usted llega a pasar a una segunda vuelta, debiera quedar con la primera opción de ser presidente, por ser el candidato más de centro.
Es lo más probable.
Su problema es a quién puede dejar fuera de la segunda vuelta, si a la izquierda o a la derecha.
Claro. Pero estamos en eso. Por ejemplo, nosotros tenemos que saber perforar a un sector de la izquierda que sabe que Boric es malo para Chile. Porque lo más probable es que, por ese lado, sea él. Entonces yo necesito tener lazos en el PS, en el PPD, en la Democracia Cristiana, donde hay gente que quiere algo distinto. Y en la derecha también estamos perforando, especialmente con gente a la que Kast ha tratado muy mal. Hay varios exministros de Piñera con los que estamos conversando periódicamente.
En RN hay crecientes incomodidades con el gobierno. ¿Ha tendido puentes con ellos?
No, con de todo. Lo que pasa es que hay varios que están sentidos. Incluso algunos exlibertarios, no vamos a decir quiénes. Pero a eso me he dedicado mucho. Mucha reunión privada, mucho conversar. Gente que se suponía que era cargo fijo en este gobierno y que después, porque no eran amigos de Kast, no los nombraron. Y también mucha gente que se sintió maltratada por Boric, hoy estuvimos con alguien importante de la DC. Pero siempre es con el mismo comentario: “Oye, que nadie lo sepa, ¿ah?”. “Por favor, esto no se sabe, ¿ah?” Ja, ja, ja. Está bien, tiempo al tiempo. Eso es algo que he aprendido: en política no hay que apurar los caminos.
Y aunque no quieran que se sepa, ¿siente que esas personas le están comprando más que antes?
No sabría decirte. O se acercan por curiosidad, o es porque realmente se dan cuenta de que este vaivén de “facho o comunacho” no es bueno para Chile. Creo que sí, que lo están entendiendo.
¿Cómo ve el proceso político en los próximos tres años? El gobierno está decepcionando, la economía no está reaccionando, ¿qué cree que va a pasar?
No, van a ser muy difíciles los próximos tres años. Creo que la estructura de gobierno y de ejercer el poder que tiene el presidente Kast va a ser un problema. Y creo que Boric, con su amiguismo, va a ser otro problema. Él tiene todo un ejército de gente que ganaba 300 lucas y que gracias a él pasó a ganar 6, 8, 10, 20 millones de pesos. Pasaron de tomar vino en caja a tomar cabernet sauvignon del 2012. Y se acostumbraron, pues. Son los que vivían con el papá, pero ahora tienen departamento, tienen hijos, tienen expareja… y no tienen plata. Están desesperados. Desesperados. Por lo tanto, van a ser duros contendientes políticos. No, se viene bien complejo.
Y si no surge otra alternativa creíble de aquí a la próxima elección, ¿qué les falta a ustedes para estar en condiciones de conducir el país?
Primero, yo tengo que seguir enmendando los errores que cometí.
¿Se refiere a ese estilo confrontacional?
Sí, innecesario… Innecesario.
En ese sentido, ¿no le gusta el estilo de Milei?
No, para nada. Lo respeto porque es el presidente argentino, pero no me gusta. Y si alguna vez lo ocupé, creo que fue un error. No va por ahí. En el caso del Estrecho de Magallanes, nosotros ya estamos desarrollando un programa de 25 mil millones de dólares de inversión en infraestructura naval, que incluye puertos, inversión en la Armada y en el Estrecho de Magallanes. O sea, nosotros no amenazamos, ni vamos a andar firmando decretos que no sirven para nada, sino que vamos a mostrar realmente un poderío militar significativo en el Estrecho de Magallanes. Eso lo tenemos claro.
Entonces una parte sería dejar atrás a ese personaje peleador. ¿Y qué le falta por construir al PDG como fuerza política?
No, mucho. Lo que estoy haciendo ahora, como te comentaba, es una especie de posibles fichajes. También estamos con muchas reuniones con embajadores en Chile, para ver cómo nos están mirando, cómo está la inversión extranjera de esos países acá, qué podemos buscar nosotros allá. Y con mucho personaje político que nosotros creemos relevante, cada vez que vengo. Pero me quita mucho tiempo, ese es el problema. A mí me gusta estar en la calle, me gusta recorrer Chile, pero sólo hoy tuvimos cinco reuniones con políticos.
¿No tiene proyectado venirse a vivir a Chile?
No, no creo que me convenga. Porque estar acá hace que se te puedan ir los humos a la cabeza. Y no quiero eso. Cuando estoy en Estados Unidos soy un tipo común y corriente.
¿Y le gusta más así?
Creo que es bueno para mi cabeza. En Chile de repente uno se marea. Y allá yo tengo que cortar el pasto, sacar la basura, ser el maestro chasquilla, el que tiene que pintar, el que tiene que arreglar las lámparas, ¿me entiendes? Voy al supermercado, dejo a mi hijo en el colegio, mi hijo no sufre bullying por mi exposición, mi señora tampoco… Creo que estoy en una etapa de mi vida un poquito más reflexiva, donde necesito la tranquilidad que tengo allá en Alabama.
¿Y no se lo reprochan en el partido?
A mí me reprochan todo. ¡Todo! Pero creo que por ahora es lo mejor. Es bueno de repente alejarse, es importante, porque analizas los problemas desde una dimensión distinta.
¿Por qué al final lo agarró tanto la política?
No, porque después ya no te puedes salir. Después del 2013 yo traté de salir y no se puede. Porque te cortan las puertas.
¿Tanto así?
Olvídate. El 2013 nosotros la pasamos pésimo.
¿En qué sentido?
Me cortaron cualquier posibilidad de trabajo. Me fueron a buscar. No, si se pasa mal. Pero al final entendí que este era el destino, nomás. Y afortunadamente, pero lamentablemente para Chile, lo han hecho tan mal los presidentes que nuestro trabajo, que era un trabajo a largo plazo, ha sido reconocido por la gente. Y también creo que parte de la élite empezó a entender el fenómeno que queríamos representar. Por ejemplo, en el último libro de Aldo Mascareño, lo que se dice del PDG no es cien por ciento lo que yo creo, pero está muy acertado. Y hay personas a las que escucho y leo. Por ejemplo el profesor Morales, que nos pega harto, pero lo escucho. Tomás Mosciatti, no me pierdo comentario. Mi señora no lo quiere, porque si Mosciatti saca el comentario a las dos de la mañana, yo a las dos lo estoy escuchando y la despierto. Y por supuesto, peleo con don Tomás. Pero no, me tiene muy preocupado lo que está pasando en Chile. Estoy viniendo todos los meses, con un sacrificio tremendo. Pero creo que está permeando el mensaje. Y la gente se dio cuenta de que nos perjudicaron.
¿En las elecciones?
Sí. Muchos que quizás no me tenían tanta buena, se han dado cuenta de lo que me hicieron a mí, con encuestas mentirosas, y que a él o ella, por la misma razón, no le han dado el ascenso que pidió, no le dieron el crédito en el banco, se lo cagaron en el tribunal, se lo cagó el arrendatario, o se lo cagó el arrendador… Como que dijeron: “Chuta, mira, este gallo podrá tener diez mil defectos —que los tengo, y quizás más también—, pero unos tipos que manejaron unas encuestas se lo cagaron, y a mí me cagan todos los días también”. Y sabís que eso cala, cala… Porque la gente en Chile se saca la mugre, la pasa mal. Cuando me dicen “no, es que en Chile son flojos…”. ¿Flojos, hueón? Flojos dónde. En Chile es difícil vivir, es muy difícil vivir. Y la gente lo siente, pero ahí le pone empeño… ¡Nos robaron hasta el fútbol! A mí me gustaba ir a ver el fútbol, pero ahora es un evento feo. Bueno, para los futboleros: si somos gobierno, vamos a traer la academia de fútbol de Marruecos a Chile. Vamos a traer a los mejores entrenadores de Marruecos, como hicieron con Mirko Jozic, y vamos a tener siete escuelas en regiones para volver a tirar el fútbol para arriba. A lo mejor me vas a decir que eso es populista. Yo creo que el fútbol salva personas. Lo dijo el gran Gary Medel: que si no hubiera sido futbolista, sería vendedor de droga. Y esa es la realidad de Chile, lamentablemente. Y nosotros creemos que somos los llamados a cambiar esa realidad.