Aunque el progresismo no estaba en condiciones de impedir la reforma tributaria, tampoco tuvo claridad a la hora de fijar sus posiciones. Eso cree Eyzaguirre, escéptico en todo caso de que la economía chilena despegue con estas medidas. Derecha e izquierda, según su diagnóstico, están en el mismo problema: sus proyectos no están al día con la situación geopolítica del mundo. La disputa entre Estados Unidos y China por la hegemonía planetaria (“se van a sacar los ojos”) es hoy su preocupación central y asegura que Chile tendrá un solo camino para sortear las consecuencias: acordar una nueva estrategia exportadora. Para ponerlo más difícil, plantea que ese acuerdo tendría que surgir de un tinglado común entre centroizquierda (FA incluido) y centroderecha, porque la agenda incluye medidas que ambos extremos van a resistir.
18 de agosto 2026
“Me voy a ir a la estratósfera”, advierte Eyzaguirre. Quiere decir que su primera respuesta no va a ser tan concisa como podría esperar el periodista. “Pero creo que es imposible entender lo que está pasando en Chile si uno no entiende la historia y si no entiende este momento del mundo”, agrega muy al estilo Lagos, afinidad que también saltará a la vista en el análisis que está por compartir.
En 2020, el economista publicó Desigualdad, un ensayo de 450 páginas que sólo por casualidad entró a la imprenta en los primeros días del estallido social. La cuestión lo obsesionaba desde mediados de los dos mil, cuando un estudiante le preguntó en Dinamarca por qué Chile seguía siendo tan desigual, y él, ministro de Hacienda, no supo responder. Quince años después, las líneas parecían confluir: Eyzaguirre por fin publicaba su libro y el país amagaba con ponerse de acuerdo en torno a un nuevo pacto social.
La pregunta que ahora lo lleva a la estratósfera, entonces, es cómo la centroizquierda chilena, en apenas un lustro, perdió sus certezas a tal punto que ni siquiera encontró el tono para oponerse a la reforma tributaria más regresiva —según todos sus economistas— realizada en Chile desde la vuelta de la democracia. Desesperado por fumar, cosa que nunca más podrá hacer —hace cinco meses cayó en la UTI por una trombosis—, el exministro de Lagos y Bachelet inicia su respuesta.
—La crisis de los paradigmas económicos de la centroizquierda es en todo Occidente, pero en países emergentes como Chile tiene una dimensión particular. Entonces, quiero hacer un paralelo con lo que ocurrió hace un siglo.
En las primeras décadas del siglo XX, el capitalismo estaba súper dinámico, pero desbocado, sin reglas. El mundo creció muy fuerte por los cambios tecnológicos y la globalización se disparó. Entonces Argentina, Chile, Uruguay, se insertaron como graneros y proveedores de minerales y se produjo un tremendo tirón de desarrollo. Pero en los años 20 ya había dos tensiones serias en el mundo. Una, que la concentración era cada día más fuerte, por la ausencia de un Estado regulador. Y por lo tanto tenías la Revolución rusa, la República de Weimar en Alemania coqueteaba con irse al socialismo, lo mismo ocurría en Italia. Y dos, se había revuelto el gallinero en términos de quién tenía la hegemonía en el mundo. El imperio británico ya no podía financiar su dominio militar y emergían dos potencias, Alemania y Japón, que se lo querían disputar.
Y en eso llega la crisis del 29: se acaba la globalización y empieza el proteccionismo. Para hacer la historia corta, quedó la escoba: las economías se cerraron, se exacerbó el nacionalismo, los nazis y los fascistas trataron de quitarle la hegemonía a Inglaterra, Japón invadió China y el mundo entró en un caos completo. Todo lo cual fue una catástrofe para Chile. No fue el problema del salitre lo que nos hundió, fue el proteccionismo.
Tú dirás, ¿qué tiene que ver esto con la crisis intelectual de la centroizquierda? ¡Mucho! Ya voy a llegar, si me das un segundo más.
Bueno, la Segunda Guerra resolvió el conflicto hegemónico, porque Estados Unidos quedó como el gran capitán del mundo. Es verdad que había Guerra Fría, pero la URSS nunca llegó a tener más que la mitad del PIB de Estados Unidos. Era un riesgo, nomás. Lo interesante es que ese riesgo provocó un nuevo consenso en Occidente: no íbamos a ir al socialismo, pero iba a haber un capitalismo regulado, con economía de bienestar, derechos de los trabajadores y todas las instituciones de este nuevo orden que cuaja el año 45. Y cuando ya colapsa la URSS, empieza lo que se llamó el momento unipolar. Y es entonces que Estados Unidos, como ya domina sin rival, establece que la defensa de sus intereses es consistente con un mundo totalmente abierto en términos comerciales y financieros. Globalización a todo dar. A tal punto que Clinton invita a China a formar parte de la OMC. O sea, “nosotros ya dominamos el mundo, así que sean todos bienvenidos”.
¿Qué pasa entonces con Chilito? Que Chilito comienza su vuelo, tal como había ocurrido en la belle époque. La globalización para nosotros es maravillosa, porque nuestros recursos naturales se encadenan con la manufactura de los países más avanzados. Que lo hagamos con más valor agregado o menos, ya es otro tema. Esa idea de que tú eres desarrollado cuando produces computadores y subdesarrollado cuando produces leche, es una tontera. Nueva Zelanda y Australia están en la misma parte de la cadena que nosotros, sólo que lo hacen con mucha mayor productividad. Es algo que a la izquierda chilena le ha costado mucho entender: productividad es cómo haces las cosas, no qué cosas haces.
La tesis de los gringos, entonces, era que el capitalismo iba a transformar a China en una democracia y todos íbamos a ser felices y liberales. Bueno, pasó algo distinto: China creció salvajemente y se transformó en un rival potentísimo de Estados Unidos, como nunca llegó a serlo la URSS. Este es el dato más importante de los últimos 15 años, lejos, pero lejos. No es la tecnología: es la geopolítica. Y si me apuras, el curso que está tomando la IA tiene todo que ver con esto. Es una carrera enloquecida entre China y Estados Unidos, sin regulación alguna, sin protección de los bienes públicos, por quién domina la IA para meterle la cabeza al wáter al otro. ¿Por qué? Porque la ventaja de ser el hegemón hoy día es gigantesca: tú pones los límites del juego, pones la moneda común, fijas las reglas del comercio. Tú ves cómo Estados Unidos mete billones de billones de dólares que el mundo tiene que usar como medio de cambio y que a ellos les cuesta cero emitir. Por lo tanto, Estados Unidos y China se van a sacar los ojos por ocupar ese lugar. Y si la IA está siendo algo eventualmente peligroso, es porque está guiada por ese conflicto. El que gane en IA va a tener el poder industrial-militar más fuerte. A eso están dedicados todos estos billonarios tecnológicos amigos de Trump.
Entonces, como pasó hace un siglo, hay un capitalismo concentrador, hay conflictos por quién la lleva en el mundo y eso nos ha traído de vuelta al proteccionismo. En rigor, esto tuvo dos momentos. Primero, en 2012, China empezó a topar con el modelo globalizador y produjo un primer giro hacia el mercado interno. Eso desaceleró el comercio internacional y se acabó el ciclo de los commodities. Al mismo tiempo, varias potencias ya venían tomando medidas proteccionistas un poco disimuladas. Pero en 2018, Estados Unidos desata frontalmente la guerra comercial y esto sólo ha escalado y va a escalar todavía más.
Por lo tanto, Chile dejó de crecer. Y al no leer lo que estaba ocurriendo, en la centroizquierda nos quedamos sin relato. Eso fue lo que nos pasó. Porque la Concertación, para ser sinceros, funcionaba sobre la base del crecimiento impulsado por esta globalización fenomenal. ¿Que hicimos bien las cosas? Sí. Pero el motor fundamental era externo. Ese crecimiento dejaba ingresos fiscales para expandir el bienestar y era un sistema imbatible y la Concertación se eligió cuatro veces seguidas. Es bien dramático lo que estoy diciendo, pero nuestros maravillosos años, incluidos los de Lagos y de Eyzaguirre aquí presente, tenían que ver con la explosión de la globalización. Y cuando se frena la globalización, el motor se nos agripa, como se dice. Y cuando se agripó el motor, ¿cómo sigues? Terminé mi cháchara.
Según como lo describe, esto no se trata de esperar que se vaya Trump.
El problema entre China y Estados Unidos va a estar sobre nuestras cabezas gobierne un demócrata o un republicano. Si es un demócrata va a ser más civilizado, va a haber más reglas del juego en el comercio internacional. Pero el mundo se va a seguir tratando de esto.
No es un diagnóstico muy estimulante, digamos, para llamar a construir el nuevo proyecto de la izquierda chilena.
Bueno, pero si tú quieres salir de una profunda crisis intelectual, tienes que partir por mirar la realidad que te toca. Entonces, si te deprimí con mi diagnóstico, contradícemelo.
Está bien, pero toda fuerza política necesita creer que su país depende de sí mismo.
Pero nuestro mercado interno es muy chico y la globalización no depende de nosotros. Asumido eso, ya te voy a decir lo que yo haría, pero un proyecto que no comprenda este problema no se va a sostener. De hecho, ¿qué es lo único positivo de esto para la izquierda? Que la derecha tampoco tiene una respuesta. Lo que pasa es que ellos hacen una lectura completamente interesada. Relato mata dato, para la derecha de hoy. Y como además manejan los medios de comunicación, les resulta. Dicen “no, esto lo causó la reforma tributaria de Bachelet en 2014”. Entonces explícame por qué toda Sudamérica exhibe la misma trayectoria, calcada, desde 2012 a esta parte. O sea, un poquito de espíritu científico… Lo que nos trancó fue la desglobalización. No te olvides de que en Piñera 1 crecieron fuerte hasta que se les apagó el motor. Porque el motor se apagó por ahí por 2013.
Ellos dijeron que eso fue por el temor al gobierno que venía.
Sí, siempre es por lo que la izquierda hizo o por lo que va a hacer. La otra vez Bettina Horst me dijo una cosa increíble en la radio: que la dictadura creció poco por la escoba de la Unidad Popular. O sea, la Unidad Popular fue la responsable de la crisis financiera del 82… ¡Un mínimo de sentido temporal! Y en Piñera 1, si tú lo mides bien, trimestre contra trimestre, el motor se comenzó a apagar hacia fines de 2012. ¿Por Bachelet? Y luego en Piñera 2, con el motor apagado, crecimos 2%. Ellos te van a decir “ah, eso fue por la pandemia”. Mentira. La pandemia te hundió en 2020, pero el 21 tiraron la casa por la ventana y crecimos 11%. Y antes de eso ya veníamos frenados. Hubo un pequeño vuelo de gallina, como de nueve meses, que comenzó en 2017 cuando yo era ministro y terminó a mediados del 18. Eso fue todo. Entonces, este problema del motor apagado le afecta a la derecha tanto como a la izquierda.
¿Y la megarreforma no es la respuesta?
La megarreforma es básicamente un buen relato. Yo creo que la rebaja del impuesto corporativo sí va a producir un cierto efecto sobre la inversión, pero modesto. Modesto. Lo increíble, donde nos pasaron gato por liebre pero hasta la médula, fue con la reintegración del sistema tributario. Ese fue el punto crítico de esta megarreforma. Y lo hicieron muy bien, porque lo colaron en este catálogo lleno de cosas. Yo trataba todos los viernes, desesperadamente, de comentar esto en la Cooperativa, pero la gente nunca entendió este problema. ¡Que es elemental! Déjame explicarlo muy en simple. Para recaudar impuestos directos, en el mundo hay dos modelos: uno que pone el peso en las empresas y otro que lo pone en las personas, en los socios. En un sistema integrado, al socio le devuelven de sus impuestos personales lo que ya pagó la empresa. Esto lo tienen Nueva Zelanda, Canadá, Australia y México. Todos países que reciben mucha inversión extranjera, entonces dicen: “Cobremos fuerte a nivel de la empresa, 30%, pero compensamos al socio en la segunda estación”. En todo el resto de la OCDE y del mundo le cobran fuerte al socio, para que la empresa se quede con fondos y pueda reinvertir. Entonces, en una equivocación para mi gusto total, la reforma tributaria de 2014 puso todo el acento en la empresa: 27%. Nosotros no tenemos los mismos atractivos que México para la inversión extranjera, tenemos que ser más cuidadosos.
Usted estaba en el gobierno. ¿Lo hizo notar?
Sí, pero no me hicieron caso y ahí uno tiene que callarse, si Educación no se tiene por qué meter. Por lo tanto, en esta vuelta yo estaba de acuerdo con bajar el impuesto corporativo a 23, o bajarlo incluso más, ¡pero entonces cóbrales a las personas! ¿Y qué hicieron ellos al reintegrar el sistema? Le bajaron a las empresas y a las personas. O sea, desmantelaron el impuesto directo. Había que bajar el corporativo, pero desintegrando completamente el sistema, como lo tienen casi todos los países de la OCDE.
¿Y qué pasa en la centroizquierda, que no supo levantar un discurso público sobre esto? Si era el punto más crítico, y tan grave como lo describe, tendrían que haber armado una pelea que no armaron.
Yo creo que en el gobierno fueron muy astutos. Primero, tenían claro algo que dijo Paul Krugman para explicar por qué los republicanos terminaron votando por Trump: a la derecha la sublima un gobierno que baje los impuestos. Pierden el conocimiento. Esto no fue sólo que Chile Vamos estuviera arrinconado. Fue que, en definitiva, creen en el capitalismo manchesteriano: paguemos pocos impuestos, los ricos ahorran y eso chorrea. Así que el gobierno sólo necesitaba ganarse al PDG y a algún senador susceptible. Pero sería un poquito menos duro que tú con la centroizquierda. ¿Teníamos posibilidades reales de parar esto? Un gobierno que gana con el 58% y que no necesita tus votos te pone en una situación extremadamente jodida. Es muy difícil oponerse, en esas condiciones, a una reforma tutifruti adornada con medidas populistas, como lo de las contribuciones, los pañales, los remedios, compensando a las regiones, tirándole unos fondos a Copiapó… Manejaron la plata y el poder, eso fue. Ahora, ¿hubo una comprensión de fondo, en el mundo de la centroizquierda, respecto de qué era lo más lesivo de esta reforma? No.
¿Y eso qué explicación podría tener?
Déjame ordenarme un poco, porque es difícil… Creo que hubo dos factores de confusión. Por un lado, había mucho eslogan de por medio. “Les están bajando los impuestos a los ricos”, “esto es chorreo”. Cuando te paras desde ahí, dejas de distinguir. Y por el otro lado, para un cierto mundo progresista el impuesto corporativo ya era algo que nos molestaba, como que sentíamos una culpa por haberlo subido a 27. Entonces, entre los eslóganes vacíos y este realismo medio culposo, el mundo de la centroizquierda se enredó entero. No se entendió que bajar el impuesto corporativo estaba bien, pero que teníamos que amarrarnos, ¡encadenarnos!, a la idea de decir “ok, pero subimos los impuestos personales”. Y nos pasaron la mula colada. No sólo no compensaron, ¡bajaron también el otro! La historia dirá si Kast y Quiroz ya clavaron la pica en Flandes y con esto quedamos con los impuestos bajos para tres gobiernos más. No lo doy por hecho, pero va a ser una maraña volver a subirlos.
Varios detalles de la reforma fueron cuestionados por economistas de derecha, sobre todo por los más identificados con la transición. ¿Cree que la radicalidad del proyecto responde en parte a una nostalgia del reformismo de los 80?
Bueno, parece que Quiroz está convencido de que va a ser el nuevo Büchi, pero eso implicaría que no están viendo nada de esta larga lata que te di. Lo repito: la economía chilena no creció como chancho porque hubiéramos bajado los impuestos corporativos, sino porque el mundo se reglobalizó con la unipolaridad y nosotros exportábamos hasta arañas. Yo estaba en los grupos económicos de la Concertación y no esperábamos que fuera tan así, si empezó a caer maná del cielo… Entonces, me puedo equivocar, pero creo que no va a pasar lo que ellos esperan. Recuerda que a fines del año pasado dijeron que ya se notaba cómo volvían a prenderse los negocios, y llevamos seis meses con crecimiento cero. Ahora, la derecha tiene una suerte superlativa, porque el boom de la IA tiene el precio del cobre a tope. ¡A tope! Entonces ahí le pongo la única nota de cautela a mi diagnóstico: si la burbuja de la IA no se desinfla, y si los gringos dejan de pelearse con Irán y el petróleo baja de nuevo, podemos tener un año espectacular por delante. Pero te digo: va a ser otro vuelo de gallina. Lo que puede levantar la productividad, que es nuestro problema, no es la nostalgia de la Concertación ni es la nostalgia de Büchi.
¿Qué podría ser, entonces?
Lo que han hecho los australianos y neozelandeses cuando ha habido proteccionismo: innovación y exportación. Necesitamos una nueva estrategia nacional exportadora.
¿Y eso es lo que la derecha llama política industrial sesentera, pick the winners?
No, no es pick the winners. De partida, yo creo que lo más importante en Chile son las reformas políticas. ¿Por qué? Porque la única manera de hacer esto es con un gran frente entre centroizquierda y centroderecha. Y no porque yo sea amarillo, sino porque un mundo más proteccionista te obliga a ser mil veces más eficiente para generar nuevos nichos de exportación. Y eso va a significar quebrar huevos, tanto en nichos de la izquierda como en nichos de la derecha.
¿Por ejemplo?
Por ejemplo, habrá que hacer una nueva legislación laboral. Tienes que cambiar el sistema de indemnizaciones, lo que va a ser resistido por la izquierda. Pero el rentismo de la derecha también habrá que tocarlo, esto requiere recursos. O sea, estamos hablando de cosas que, sin acuerdos transversales, no van a salir nunca. Una verdadera reforma del Estado, lo mismo: hay mucho gasto improductivo, pero si los extremos políticos lo arreglan a su pinta van a echar a los operadores del otro lado para contratar a los suyos. Bajar el impuesto corporativo incluso más que esta reforma, pero compensando con las personas, también requería un encuentro entre centroderecha y centroizquierda. Entonces, no es estar identificando el producto final, si exportamos frutillas o frambuesas. Es ver cómo generas nuevos nichos de negocios, pero de verdad, con financiamiento, con capacitación, con desregulaciones, con de todo. También con educación, porque tienes que crear los talentos necesarios para esos nichos. No es formar más periodistas, con perdón, ni más economistas. ¿Se va a producir todo esto? Yo creo que no. Pero es la única forma en que salimos.
Así como lo está planteando, no hay por dónde. Si requiere un gran consenso entre centroderecha y centroizquierda…
Ese es nuestro drama, pues. Por un lado, la centroizquierda fue capturada por los comunistas y el Frente Amplio…
¿Hubiera preferido evitar esas alianzas?
No nos quedaba alternativa. Ahora, Boric hizo un tremendo avance, por lo tanto no veo que esa centroizquierda excluya al Frente Amplio. Sí creo que, en términos de estrategia de desarrollo, excluye a los comunistas. Porque ellos sí que están en otro siglo. Yo los quiero mucho, fui comunista. Pero la prueba fue el programa de Jeanette Jara en las primarias, con el cuento del mercado interno. Cómo pueden seguir con eso, si toda la historia contemporánea muestra que los países que se desarrollan son lo que logran penetrar los mercados mundiales. Y métale más regulación laboral, y más sindicatos… También están atrasados completamente en gobernanza.
Entonces quedamos en que esto podría pasar cuando ambas coaliciones se liberen de sus extremos.
Sí, pero espérate un poquitito, seamos algo más optimistas. Supongamos que la burbuja de la IA no sigue su curso y se desentona. Y que Irán con Estados Unidos se siguen agarrando de las mechas. Dale hilo a esta cosa, ¿qué está ocurriendo el próximo año y el subsiguiente, creciendo al 2%, con la popularidad en 25? ¿Se comienza a desarmar este conglomerado de la derecha o no? No sé, estoy tratando de ver una luz… En realidad, yo creo que un sistema parlamentario es el único que podría permitir alianzas de este tipo. Con el sistema que tenemos ahora vamos a seguir yendo de la extrema izquierda a la extrema derecha, después va a ser el populismo de Parisi y no vamos para ninguna parte.
Dice que la centroizquierda se vio arrastrada por el polo FA-PC, pero no está muy claro cuál era el camino propio que perdieron. ¿En qué les influyó dejarse arrastrar, hablando no de identidades sino de proyectos?
Yo pienso que la centroizquierda, cuando volvió al poder en 2014, no tenía conciencia alguna —yo incluido, no quiero hacerme el choro— de que un nuevo cuadro geopolítico nos había apagado el motor. Todavía el sentido común nos decía que el crecimiento iba a volver solo y que nuestra tarea política era reforzar la equidad. Entonces se hicieron reformas —algunas de ellas— bastante inadecuadas. La tributaria, inadecuada. La electoral, muy inadecuada. La educacional, más o menos. Y comenzó un hastío en las personas, porque el crecimiento no volvía. Por eso ganó Piñera. Luego vino la crisis social, ganó Boric y, con el motor todavía apagado, insistimos en una solución redistributiva. Con la Convención entremedio, que fue ya el extravío total. Y se nos dio vuelta, pues. Esa es mi lectura: que en la centroizquierda nos demoramos en comprender que un proyecto político basado en la economía del bienestar ya no se paraba solo. Todavía en la Convención estábamos medio perdidos. Y los del Frente Amplio y los comunistas mucho más perdidos, por lo tanto nos arrastraron a un discurso excesivamente redistributivo. Así como la extrema derecha está arrastrando a los Chile Vamos a que todo pasa por el orden y bajar impuestos.
¿Qué era lo excesivamente redistributivo?
Lo excesivo es seguir tratando de avanzar cuando no tienes recursos. Seguir expandiendo el gasto en gratuidad universitaria, por ejemplo, cuando el déficit fiscal ya no te aguanta ni para subir la salud. Topaste, topaste completamente. La gran equivocación de Boric fue llegar al gobierno ignorando ese problema. Lo bueno fue que corrigieron y, en vez de meterse en un círculo de crisis fiscal e inflación, comenzaron a hacer cosas para reencender el motor. El hidrógeno verde, el litio, el banco de inversiones que diseñó Benavente. No era fácil, porque la inercia nuestra es pelear y pelear por derechos sociales. Toda la historia de los fracasos de la izquierda son intentos de redistribuir sin motor.
Y una izquierda que privilegia el crecimiento y posterga la igualdad, ¿cuándo cruza la línea en que deja de ser izquierda?
Yo sigo creyendo absolutamente en una estrategia económica a la centroizquierda. En el sentido de que, en el largo plazo, la inclusión social es lo que explica por qué unos países se desarrollan y otros no. Esto está demostrado en la historia económica, no se me ocurrió a mí. Cuando tú concentras y concentras el poder, te pasa lo que a los Habsburgo, que se casaban entre ellos y al final terminaban todos con problemas mentales por la endogamia. La exclusión tiene ese problema: pierdes diversidad y pierdes capacidades. Y en Chile la educación, por ejemplo, sigue siendo espantosamente discriminatoria. Pero avanzar en derechos sociales supone capacidad de crecer, eso no significa que me esté cambiando de caballo. Creo que la centroderecha sigue teniendo mucho menos interés que yo en un sistema inclusivo. Pero al menos podemos ponernos de acuerdo sobre cómo volver a prender el motor. ¿Cuál es la prendida de motor de Quiroz? Bajar los impuestos hasta que dé puntada. ¿Cuál es la de Carmona? Subir los salarios mínimos y expandir el Estado. Bueno, habrá que sumar fuerzas con otros, porque eso no es.
Todas las inquietudes que ha planteado acá, me imagino, ha intentado transmitirlas hacia su mundo político. ¿Encuentran algún eco?
Un poco. Pero la verdad es que no hay un diagnóstico común. Y es comprensible, porque estos cambios epocales son difíciles de advertir. Como te decía, yo no me di cuenta en 2014, cuando empezó el gobierno de la presidenta Bachelet, de que el motor se nos había agripado. Pensé que íbamos a volver al 5%, lo mismo que pensó Arenas y que pensaron todos. Y en el progresismo todavía hay mucha gente que cree en soluciones que tal vez eran plausibles hace 15 o 20 años. Por lo tanto, este diagnóstico no es plenamente compartido.
¿Echa de menos el ambiente de los centros de estudio de los 80, donde el progresismo integraba su pensamiento económico?
Es que no quiero sonar… A ver, cómo te lo digo. Lo que creo que falta es pensamiento sistémico. Se nos va toda la reflexión en pequeños avatares, peleas por declaraciones, por decimales de cifras… La hojarasca, como decía Lagos. Pero un pensamiento sistémico, como lo tuvieron en su época, maravillosamente, Aníbal Pinto o Jorge Ahumada, en el progresismo de hoy no lo tenemos. Lo que nos ha mantenido a flote es que la derecha tampoco lo tiene, y por eso el diagnóstico se les queda corto. Ahora, si llegan a tener un vuelo de gallina y el cobre los hace crecer por un año y medio al 3,5%, olvídate de la izquierda. No creo que vaya a pasar, pero si pasa, ahí vas a ver lo que es una izquierda confundida.