La película Metrópolis, dirigida por Fritz Lang, sitúa su relación en el año 2026 , una fecha que hoy coincide con el presente. La historia describe una ciudad profundamente segmentada: en la superficie, una élite vive en condiciones de privilegio; en el subsuelo, una masa de trabajadores sostiene el funcionamiento del sistema en condiciones de alta exigencia y escasa visibilidad.
El artículo destaca la dimensión anticipatoria de la obra, especialmente en relación con el uso de la tecnología. La figura del androide que suplanta a María introduce la idea de identidades artificiales capaces de influir en el comportamiento colectivo. Este elemento es leído como un antecedente de problemáticas actuales vinculadas a la inteligencia artificial, la manipulación informativa y la construcción de discursos mediáticos.
En paralelo, la película plantea una relación directa entre desarrollo tecnológico y desigualdad social. El progreso aparece asociado a una mayor concentración de poder y la instrumentalización del trabajo humano. La ciudad funciona como un sistema técnico que depende de la mano de obra de los trabajadores, representados como engranajes dentro de una estructura mayor.
En este contexto, la referencia al año 2026 adquiere un sentido particular: no solo como recurso narrativo, sino como punto de comparación con el presente. La vigencia de Metrópolis radica en la persistencia de las tensiones que representa, especialmente en torno a la relación entre tecnología, poder y organización social.
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