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	<title>La pasión por el orden &#8211; Democracia UDP</title>
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	<description>Universidad Diego Portales</description>
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		<title>El orden de las cosas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier Meneses]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 Dec 2025 13:34:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La pasión por el orden]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[A Octavio Paz &#160; Hasta la desesperación requiere un cierto orden. Si pongo un número contra un muro y lo ametrallo soy un individuo responsable. Le he quitado un elemento peligroso a la realidad. No me queda entonces sino asumir lo que queda: el mundo con un número menos. El orden en materia de creación [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>A Octavio Paz</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta la desesperación requiere un cierto orden. Si pongo un número contra un muro y lo ametrallo soy un individuo responsable. Le he quitado un elemento peligroso a la realidad. No me queda entonces sino asumir lo que queda: el mundo con un número menos.</p>
<p>El orden en materia de creación no es diferente. Hay diversas posturas para encarar este problema, pero todas a la larga se equivalen. Me acuesto en una cama o en el campo, al aire libre. Miro hacia arriba y ya está la máquina funcionando. Un gran ideal o una pequeña intuición van pendiente abajo. Su única misión es conseguir llenar el cielo natural o el falso. Primero se verán sombras y, con suerte, uno que otro destello; presentimiento de luz, para llamarlo con mayor propiedad. El color es ya asunto de perseverancia y de conocimiento del oficio.</p>
<p>Poner en marcha una nebulosa no es difícil, lo hace hasta un niño. El problema está en que no se escape, en que entre nuevamente en el campo al primer pitazo. Hay quienes logran en un momento dado ponerlo todo allí arriba o aquí abajo, pero ¿pueden conservarlo allí? Ése es el problema.</p>
<p>Hay que saber perder con orden. Ése es el primer paso. El abc. Se habrá logrado una postura sólida. Piernas arriba o piernas abajo, lo importante, repito, es que sea sólida, permanente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Volviendo a la desesperación: una desesperación auténtica no se consigue de la noche a la mañana. Hay quienes necesitan toda una vida para obtenerla. No hablemos de esa pequeña desesperación que se enciende y apaga como una luciérnaga. Basta una luz más fuerte, un ruido, un golpe de viento, para que retroceda y se desvanezca.</p>
<p>Y ya con esto hemos avanzado algo. Hemos aprendido a perder conservando una postura sólida y creemos en la eficacia de una desesperación permanente.</p>
<p>Recomencemos: estamos acostados bocarriba (en realidad la posición perfecta para crear es la de un ahogado semienterrado en la arena). Llamemos cielo a la nada, esa nada que ya hemos conseguido situar. Pongamos allí la primera mancha. Contemplémosla fijamente. Un pestañeo puede ser fatal. Éste es un acto intencional y directo, no cabe la duda. Si logramos hacer girar la mancha convirtiéndola en un punto móvil el contacto estará hecho. Repetimos: desesperación, asunción del fracaso y fe. Este último elemento es nuevo y definitivo.</p>
<p>Llaman a la puerta. No importa. No perdamos las esperanzas. Es cierto que se borró el primer grumo, se apagó la luz de arriba. Pero se debe contestar, desesperadamente, conservando la posición correcta (bocarriba, etc.) y llenos de fe: ¿quién es?</p>
<p>Con seguridad el intruso se habrá marchado sin esperar nuestra voz. Así es siempre. No nos queda sino volver a empezar en el orden señalado.</p>
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		<title>La aventura y el orden</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier Meneses]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Nov 2025 14:24:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La pasión por el orden]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[En una especie de salmo —cuya dicción confidencial y patética es evidente aprendizaje de Whitman— Apollinaire separa los escritores en estudiosos del Orden y en traviesos de la Aventura y tras incluirse entre los últimos, solicita piedad para sus pecados y desaciertos. El episodio es conmovedor y trae a mi memoria la reacción adversa de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">En una especie de salmo —cuya dicción confidencial y patética es evidente aprendizaje de Whitman— Apollinaire separa los escritores en estudiosos del Orden y en traviesos de la Aventura y tras incluirse entre los últimos, solicita piedad para sus pecados y desaciertos. El episodio es conmovedor y trae a mi memoria la reacción adversa de Góngora que, en trance parecido, salió a campear resueltamente por los fueros de su tiniebla, y ejecutó el soneto que dice:</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">    </span><i><span style="font-weight: 400;">Restituye a tu mudo Horror divino</span></i></p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">    amiga Soledad, el Pie sagrado.</span></i></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Es verdad que entrambos sabían con qué bueyes araban e invocaron faltas bienquistas. Confesar docta sutileza durante el mil seiscientos era empeño tan hábil y tan simpático de antemano como el de confesar atrevimiento en este nuestro siglo de cuartelazos y de golpes de furca.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">  La Aventura y el Orden. A la larga, toda aventura individual enriquece el orden de todos y el tiempo legaliza innovaciones y les otorga virtud justificativa. Suelen ser muy lentos los trámites. La famosa disputa entre los petrarquistas y los partidarios del octosílabo rige aún entre nosotros y, pese a los historiadores, el verdadero triunfador es Cristóbal del Castillejo y no Garcilaso. Aludo a la lírica popular, cuyos profundos predios no han devuelto hasta hoy eco alguno de la metrificación de Boscán. Ni Estanislao del Campo ni Hernández ni el organito que concede en la esquina la queja entregadiza del </span><i><span style="font-weight: 400;">Sin amor</span></i><span style="font-weight: 400;"> o la ambiciosa valentía que por </span><i><span style="font-weight: 400;">El taita del arrabal</span></i><span style="font-weight: 400;"> se abre paso, consienten versos al itálico modo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">  Toda aventura es norma venidera; toda actuación tiende a inevitarse en costumbre. Hasta los pormenores del cotidiano vivir —nuestro vocabulario al conversar con determinadas personas, el peculiar linaje de ideas que en su fraternidad frecuentamos— sufren ese destino y se amoldan a cauces invisibles que su mismo fluir profundiza. Esta verdad universal lo es doblemente en lo atañedero a los versos, donde la rima es hábito escuchable y en que los cíclicos sistemas de las estrofas pasan fatales y jocundos como las estaciones del año. El arte es observancia desvelada e incluye austeridad, hasta en sus formas de apariencia más suelta. El ultraísmo, que lo fió todo a las metáforas y rechazó las comparaciones visuales y el desapacible rimar que aún dan horror a la vigente lugonería, no fue un desorden, fue la voluntad de otra ley.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">  Es dolorosa y obligatoria verdad la de saber que el individuo puede alcanzar escasas aventuras en el ejercicio del arte. Cada época tiene su gesto peculiar y la sola hazaña hacedora está en enfatizar ese gesto. Nuestro desaliño y nuestra ignorancia hablan de rubenismo, siendo innegable que a no haber sido Rubén el instrumento de ese episodio (intromisión del verso eneasílabo, vaivén de la cesura, manejo de elementos suntuosos y ornamentales) otros lo habrían realizado en su ausencia: quizá Jaimes Freyre o Lugones. El tiempo anula la caterva intermedia de tanteadores, precursores y demás gente promisoria, del supuesto genial. La negligencia y la piedad idolátrica se unen para fingir la incausalidad de lo bello. ¿No presenciamos todos, quince años ha, el prodigioso simulacro de los que tradujeron el </span><i><span style="font-weight: 400;">Martín Fierro</span></i><span style="font-weight: 400;"> —obra abundante en toda gracia retórica y claramente derivada de los demás poemas gauchescos— en cosa impar y primordial? Contemporánea con nosotros no hay labor alguna de genio y eso estriba en que conocemos todas las nobles selvas que ella ha saqueado para edificar su alta pira y las maderas olorosas que son sahumerio y resplandor en las llamas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">  Esa realización de que toda aventura es inaccesible y de que nuestros movimientos más sueltos son corredizos por prefijados destinos como los de las piezas del ajedrez, es evidente para el hombre que ha superado los torcidos arrabales del arte y que confiesa desde las claras terrazas, la inquebrantable rectitud de la urbe. Gloriarse de esta sujeción y practicarla con piadosa observancia es lo propio del clasicismo. Autores hay en quienes la trivialidad de un epíteto o la notoria publicidad de una imagen son confesión reverencial o sardónica de fatalismo clasiquista. Su prototipo está en Ben Jonson, de quien asentó Dryden que </span><i><span style="font-weight: 400;">invadía autores como un rey</span></i><span style="font-weight: 400;"> y que exaltó su credo hasta el punto de componer un libro de traza discursiva y autobiográfica, hecho de traducciones y donde declaró, por frases ajenas, lo sustancial de su pensar.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">  La Aventura y el Orden… A mí me placen ambas disciplinas, si hay heroísmo en quien las sigue. Que una no mire demasiado a la otra; que la insolencia nueva no sea gaje del antiguo decoro, que no se ejerzan muchas artimañas a un tiempo. Grato es el gesto que en una brusca soledad resplandece; grata es la voz antigua que denuncia nuestra comunidad con los hombres y cuyo gusto (como el de cualquier amistad) es el de sentirnos iguales y aptos de esa manera para que nos perdonen, amen y sufran. Graves y eternas son las hondas trivialidades de enamorarse, de caminar, de morir.</span></p>
<p><b>De El tamaño de mi esperanza (1926)</b></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Chile, por Nicanor Parra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier Meneses]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Nov 2025 11:39:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La pasión por el orden]]></category>
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					<description><![CDATA[CHILE Da risa ver a los campesinos de Santiago de Chile con el ceño fruncido ir y venir por las calles del centro o por las calles de los alrededores preocupados-lívidos-muertos de susto por razones de orden político por razones de orden sexual por razones de orden religioso dando por descontada la existencia de la [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>CHILE</p>
<p>Da risa ver a los campesinos de Santiago de Chile<br />
con el ceño fruncido<br />
ir y venir por las calles del centro<br />
o por las calles de los alrededores<br />
preocupados-lívidos-muertos de susto<br />
por razones de orden político<br />
por razones de orden sexual<br />
por razones de orden religioso<br />
dando por descontada la existencia<br />
de la ciudad y de sus habitantes:<br />
aunque está demostrado que los habitantes aún no han nacido<br />
ni nacerán antes de sucumbir<br />
y Santiago de Chile es un desierto.</p>
<p>Creemos ser país<br />
y la verdad es que somos apenas paisaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De Obra Gruesa (1969)</p>
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